Reflejos
Por: Glendobeth Gutiérrez Castrejón
Hoy en día se reconoce que la libertad de expresión, es fundamental en toda democracia, porque permite a las personas manifestar sus ideas, cuestionar a los funcionarios públicos, denunciar injusticias, participar en los asuntos colectivos y proponer soluciones a distintos problemas sociales.
A lo largo de la historia, hombres y mujeres han sido perseguidos, censurados, encarcelados y hasta asesinados por hablar, escribir o informar sobre aquello que ocurre a su alrededor, sobre lo que les preocupa y sobre lo que le duele a una colonia, una comunidad, un municipio, un estado, un país y al mundo.
Los periodistas de todas las épocas han ejercido este derecho al investigar, preguntar, contrastar información y comunicar hechos de interés público que deben escudriñarse, aun cuando ello incomode a quienes preferirían el halago y la quema de incienso permanentes.
Desde luego, esta libertad no es para difundir mentiras, fomentar el odio o dañar la reputación de las personas. Debe ejercerse con honestidad, respeto y compromiso con la verdad. La crítica puede ser dura, pero nunca debe apartarse de la ética.
La libertad de expresión no es solamente hablar; también implica reconocer el derecho de los demás a manifestarse de manera distinta. En una sociedad democrática es inadmisible el pensamiento único. Las coincidencias fortalecen, pero los desacuerdos también construyen, cuando se resuelven con diálogo y lejos de la violencia.
Se debe de reflexionar en que las ideas incómodas de hoy, en lugar de silenciarse como en los regímenes autoritarios, pueden abonar a grandes soluciones para los indígenas, afros y mestizos.
Los Poderes de la Unión, los gobiernos estatales y municipales, deben garantizar que periodistas, académicos, maestros, activistas y el pueblo, puedan expresarse sin miedo. En lugar de verlos con desdén, deben considerarlos aliados para corregir errores, fortalecer las instituciones y trascender en el presente y la posterioridad.
Nunca debe de olvidarse que cuando una voz es silenciada, no pierde únicamente quien habla, sino toda la sociedad. Porque cuando las voces se apagan, la oscuridad avanza. Pero cuando las ideas circulan libremente, los sueños se pueden hacer realidad. Por eso y más, siempre deben defenderse y preservarse, las voces libres.

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