miércoles, 3 de junio de 2026

Platos rotos


 Reflejos

Por: Glendobeth Gutiérrez Castrejón

Las redes sociales circularon de inmediato: una reja metálica derribada, vehículos con vidrios esparcidos, paredes ralladas y trabajadores viendo con impotencia como destruían frente a ellos, parte de su patrimonio en el Congreso de Guerrero.

El acto violento del 2 de junio de 2026, se atribuyó a integrantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG).  Sin embargo, los rostros cubiertos vistos en videos y fotografías, no dejan claro si fueron ellos o infiltrados que quisieron embarrarlos.

Sin lugar a dudas los planteamientos del magisterio mexicano deben de ser escuchados.  Exigen mejores condiciones de jubilación, la revisión de la Ley del ISSSTE de 2007 y la defensa de los derechos laborales.  Mas una demanda justa, no justifica que se vulneren los derechos de terceros.

Si bien es cierto los diputados pueden sustituir sus vehículos con cierta facilidad, es distinto con los trabajadores administrativos que durante muchos años, hicieron sacrificios para obtener un vehículo que todavía siguen pagando y ahora se endeudarán más, por un conflicto que ellos no provocaron.  Lo paradójico es que algunos de los afectados, son familiares de maestros que están en pie de lucha.

La libertad de expresión con la manifestación pública, son derechos que se conquistaron por años, para que la sociedad exija cambios y denuncie injusticias, más tienen su límite cuando afectan a personas ajenas al conflicto.  La protesta tiene fuerza cuando convence, pero pierde autoridad moral cuando destruye.

Por ello resalta el llamado del presidente de la Jucopo, Jesús Urióstegui, para privilegiar el dialogo y la construcción de acuerdos.  Quien a su vez subrayó que la gobernadora Evelyn Salgado, ha garantizado en diferentes momentos, el tema de la libertad de expresión y de manifestación, como principios indispensables en toda democracia.

México necesita más mesas de trabajo y menos confrontaciones, más acuerdos y menos violencia.  La educación necesita que los maestros mexicanos, enseñen en condiciones dignas, y que no haya gente encapuchada destruyendo en el país.

Si quienes realizaron estos actos pertenecen a una organización magisterial, sus dirigentes deben deslindarse o asumir responsabilidades.  Si fueron infiltrados o provocadores, también debe de aclararse. 

Los vidrios rotos pueden reemplazarse. Las paredes pueden repintarse. Las rejas pueden reconstruirse.  Pero la confianza ciudadana puede perderse, tanto en el magisterio como en el gobierno federal, si unos abusan de la protesta y otros fingen darle solución al conflicto magisterial.  

Nadie debe de olvidar que ninguna causa social se fortalece, cuando el pueblo termina pagando los platos rotos.

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