LECTURA POLÍTICA
Noé Mondragón Norato
Al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas “Alito”, la factura política que le cobraron fue muy alta. Tras la filtración de las grabaciones telefónicas por parte de la gobernadora morenista de Campeche, Layda Sansores San Román, Alito quedó noqueado. Porque no solo admitía la forma de evadir impuestos y utilizar prestanombres para obtener ganancias millonarias, sino que se aventó de frente contra los periodistas a quienes sugería “no matarlos a balazos, sino de hambre”. Lo cual por supuesto, provocó una reacción en cadena. Y se reflejó al final, en la elección de ayer domingo que lo obligó a permanecer tirado en la lona. Hay que ir por partes.
¿ANTESALA DE LA DERROTA PRIISTA? – La disputa de poder se configuró en un entorno político dinamitado: la aprobación de la Reforma Eléctrica que no pasó en el Congreso de la Unión. Y que alteró sensiblemente al propio AMLO, quien amenazó con fincarles cargos en la fiscalía general de la república (FGR) a todos los diputados que votaron en contra de ella. Y emprendió una campaña nacional para etiquetarlos como “traidores a la patria”. Luego, le “dio cuerda” a la actual gobernadora de Campeche por el Morena, Layda Sansores, para que exhibiera al dirigente nacional del PRI, quien con una brusquedad verbal que ronda la ignorancia y el lenguaje de arrabal, se atrevió a retar al presidente. Cuando sabe el nivel de atascamiento y corruptelas que arrastra. Por eso se entiende el mar de impunidades políticas: el presidente en turno las utiliza en el momento preciso para neutralizar a sus adversarios. Y Alito estaba advertido: irían con todo en su contra. De ahí abre lo demás: 1.- De los seis gobiernos estatales que se jugaron ayer domingo, la alianza PRI-PAN-PRD, ganó en Aguascalientes y Durango. Y el Morena hizo lo propio en Hidalgo, Tamaulipas, Oaxaca y Quintana Roo. Es decir, una parte de las “venganzas políticas presidenciales” se centraron en la derrota de esa alianza partidista, tras la desaprobación de la Reforma Eléctrica en el Congreso de la Unión. Pero el punto central de esa decisión se orientó hacia un extremo: vender a Alito como un miembro priista desfasado y corrupto —que, además, lo es— con el fin no solo de abollarle el camino que pretende trazar para erigirse como candidato del PRI a la presidencia en la elección de 2024, sino de sacarlo de la negociación con el PRD y PAN. Y de ahí, que los priistas lo expulsen de la propia dirigencia nacional dada su prolongada exposición negativa y de propaganda mala en los medios de comunicación y en redes sociales. 2.- Tras los resultados electorales, el dirigente nacional del PRI calificó como “una elección de estado” la fraguada por el Morena y adelantó que será en los tribunales donde se definirán los triunfos. El problema de Alito es que olvida que su partido ya no manda en Palacio de Gobierno. Y que con esa actitud seguirá atizando el comal político cuyas gruesas llamaradas lo chamuscaron de cuerpo completo. Es decir, se convirtió de golpe, en un interlocutor político indeseable para el presidente AMLO. Y los dirigentes nacionales del PRD y PAN, optaron por hacerse a un lado, guardar silencio y dejar la cancha libre para esa disputa. Los gobernadores priistas acompañan ese enmudecimiento. No se solidarizan con su dirigente nacional ante sus arrebatos y desafíos mal calculados. Parecen dispuesto a no comprar “pleitos ajenos”. Alito se está quedando solo. 3.- Tras la derrota del domingo de la alianza PRI-PAN-PRD, la militancia tricolor ya debe estar evaluando con frialdad, el relevo de Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, en la dirigencia nacional de ese partido. De hecho, se torna una medida urgente, dada la cantidad inusual de mensajes corruptores enviados en tan poco tiempo. Su confrontación política con el presidente AMLO le hace más daño al PRI. Y aleja los acuerdos legislativos en el Congreso de la Unión. En el lenguaje político, dejó de ser rentable. Tanto dentro, como fuera. De seguir como dirigente nacional, el PRI reditará una derrota más profunda para el 2024.
HOJEADAS DE PÁGINAS…A pesar de sus derrotas acumuladas, cuestionamientos e inacción política prolongada, el ex edil perredista de Acapulco, Alberto López Rosas, no entiende ni procesa su inviabilidad y desfasamiento como aspirante a ejercer el poder. Acaba de tomar protesta como presidente de una organización que apoyará a Marcelo Ebrard, como eventual aspirante del Morena a la presidencia de México. Madrugó y se les adelantó a muchos otros. Pero con ese tipo de personajes, Ebrard restaría en vez de sumar. Ese es el punto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario