Por César González Guerrero.
En ocasión de la celebración del mundial del fútbol 2026, en nuestro país, viene a mi recuerdo parte de mi vida juvenil, intentando ser un futbolista.
A mis 6 años de edad jamás me imaginé que existiera un deporte que se caracterizara por patear una pelota. Es más, hasta los 12 años, no conocíamos una pelota. En nuestra infancia, los reyes magos no nos regalaron esos lujos. En esa época los juegos fueron más creativos y de acuerdo a las posibilidades económicas.
No obstante que los antecedentes históricos de este deporte en México datan desde la época del gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911), oficialmente se sabe que es a partir del año 1943 cuando se empezó a practicar. Fue hasta 1967, 24 años después, cuando a mis 13 años, ingresaba a la escuela secundaria federal número 1 de Acapulco, me enteré que había un deporte llamado fútbol, "Football" (Balonpie), y sin saber, tampoco conocer, me integraron al equipo representativo de el Barrio bravo de Petaquillas, en donde viví mi último año de secundaria.
Ahí conocí, e hicimos buenas amistades, con la Muerte, el Mariachi, el Tico, el Huevo, el Checo, el Carmelo, la Yegua, y otros que escapan a la memoria. Por supuesto, no fui destacado como ellos.
Ya en el entonces Distrito Federal, hoy CDMX, y gracias a mi gran amigo, el inolvidable Luis Sánchez Álvarez "el Matador", me llevó a las filas del legendario equipo Atlante, integrante de la reserva B, en donde tuve la fortuna de conocer a los entonces seleccionados nacionales Crescencio Sánchez y Gustavo Beltrán.
Recuerdo que los entrenamientos se realizaban en las canchas de la ciudad deportiva y en los bosques del Desierto de los Leones. Por seguir mis estudios en la Vocacional 5 de ciudadela, abandone este deporte que, hasta la fecha no práctico. Quizá me faltó talento y vocación futbolística. O tal vez, por querer seguir estudiando.
Como todo joven interesado en el fútbol, durante varios años, quizá de 1968 a 1970, fui un apasionado lector del periódico Esto, especialista en las noticias deportivas, así como de las revistas especializadas llamadas Balón y Fútbol. En la compra diaria y semanal de estos medios de comunicación, gaste gran parte de mis escasos ingresos.
Al final de cuentas, y ya acumulando varios kilos de periódicos, no sé cómo y cuándo, se extravió todo ese material hemerografico que, ahora, podría ser parte de un archivo histórico importante.
Lamentablemente perdí todo, periódicos, revistas y dinero que, con mucho esfuerzo, conservé durante más de 3 años. Seguro, hoy, sería una gran riqueza histórica, cómo material de consulta.
Cabe señalar que, desde mi punto de vista, muy personal, creo que el fútbol es un deporte que se juega con todo, menos con las manos, es decir, es la destreza, habilidad e inteligencia la que hace posible los triunfos. Sin embargo, en los últimos años, parece que esas cualidades no han logrado hacer de México una potencia competitiva, y tristemente, nos hemos conformado solo con participar.
México tiene todo para ser campeón, hay talento, pero falta la voluntad de las autoridades de todos sus niveles, que solo ven sus intereses personales.
Deseamos, de todo corazón que ahora sí, México sea el Campeón Mundial de Fútbol 2026.
¡Viva México!

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