Por César González Guerrero.
Hay hombres y mujeres que mueren físicamente, pero viven en la eternidad. Tal es el caso de mi tío Arturo González Castañeda, hombre de origen humilde, producto de una familia campesina, íntegra, que tuvo muchas cualidades en vida.
Como suele suceder, después de muerto, se reconocen muchas más, pero en el caso de mi tío Arturo es diferente, sus múltiples cualidades fueron reconocidas en vida.
A todos, familiares y amistades, nos consta de su modestia, sinceridad, generosidad, solidaridad, trabajo, responsabilidad, discreción, sencillez, etc.
Mi tío Arturo no necesitó morir, para hallar en él tantas características humanas. En vida así fue reconocido.
En sus 83 años de existencia, quedó demostrado, ser buen hijo, hermano, excelente padre, abuelo y amigo. Sus familiares cercanos fuimos testigos de todo ello.
Lo recordamos como una persona muy seria y discreta, escasas sonrisas, mínimas carcajadas, pero atento y amable, gente de razonamiento, tranquilo, reflexivo, parco en sus pláticas, pero buen conversador, poco afecto al bullicio y a los vicios, de reconocida calidad ciudadana.
Sus padres, Gaudencio González Pérez y Victoria Castañeda García, así es como lo educaron, al igual que a sus hermanas y hermanos: Santacruz, María y Alberto, ya fallecidos. Y Francisca, Gualberta y Lucia que, afortunadamente, aún disfrutamos de su presencia.
Sus hijos e hijas, nietos y nietas, bisnietos y bisnietas, deben estar orgullosos de su personalidad. Siempre respetuoso, disciplinado, aunque poco expresivo, fue un gran ser humano.
Sus cualidades y enseñanzas, seguramente, guiarán los caminos de: Victoria, Eulalia, Graciela, Arturo, Gladys, Angélica y Gaudencio, y de sus descendientes.
A mí tío Arturo siempre lo recordaremos como una persona, entregada de lleno a la dura tarea campesina, en las tierras del histórico domicilio de los Tres Arbolitos; lo mismo en los trabajos de la compañía encargada de construir la carretera nacional, en los años sesentas, en donde conoció a su inolvidable compañera de vida, Graciela Molina Espinosa, QEPD, con quien contrajo matrimonio y formaron una gran familia, de lucha y trabajo.
En su juventud, mi tío fue un apasionado deportista. Destacó, junto con otros jóvenes de la época, como un gran basquetbolista, formando parte del seleccionado municipal.
Mi tío Arturo participó, decididamente en las gestiones y trabajos de beneficio al pueblo de Copala, destacando en la gestión e introducción del agua potable, apoyando a su hermano, mi padre Santacruz.
Ahí demostró, sin estudios, su capacidad e inteligencia, realizando trazos y colocación de materiales de fontanería y plomería, propios de un técnico profesional o ingeniero, siendo uno de los principales constructores de la red del agua potable. Una de sus principales actividades, también, fue la de permisionario, fundador del servicio de transporte mixto de ruta, atendiendo las necesidades de las gentes de Las Peñas, La Fortuna y Atrixco, precisamente de este último pueblo en que el grupo musical Cautivo, lo hizo famoso con su hermosa canción El Chofer, magistralmente entonada por el gran vocalista Severo Ávila.
Finalmente, su vocación emprendedora, y respaldado por su familia, en la colonia barrio nuevo, instala una modesta empresa familiar que ofrece al público un espacio de esparcimiento que, fue conocido como la alberca de don Arturo, atendida personalmente durante los últimos diez años. Hasta que las enfermedades lo obligaron a retirarse.
Motivado por un grupo de adultos mayores, encabezado por mi padre, fue fundador de el Club Danzoneros Nereidas, (no obstante su falta de destrezas en el baile), que fue reconocido en la capital del Estado Chilpancingo, y otros pueblos de la Costa Chica.
La gran trayectoria, y exitosa existencia, de mi tío Arturo, queda grabada, por siempre, en la historia de Copala, desde su nacimiento el 17 de marzo de 1943, en el popular barrio de el Huicon, hasta el 19 de mayo del 2026, ya cumplidos sus 83 años, falleciendo en la capital del Estado.
Sus restos mortales reposan en el panteón municipal de Copala, su pueblo al que tanto amó.
¡Descanse en paz!
¡Vida eterna para Arturo González Castañeda!

No hay comentarios:
Publicar un comentario