LECTURA POLÍTICA
Noé Mondragón Norato
Nada es casual. Al menos en política, los móviles de las crisis se ocultan celosamente. Por eso la gobernadora Evelyn Salgado, aturdida y desconcertada por hechos que no alcanza a comprender, y por los bloqueos constantes y casi permanentes a la Autopista del Sol que la atosigan, la hacen trastabillar y caer en contradicciones, lanza tiros al aire: “son otras personas las que están motivándolos a que hagan este tipo de protestas”. Asombra entonces que, siendo la gobernadora, no se atreva a mencionar los nombres de quienes la acorralan. Como si la tolerancia hacia sus adversarios políticos y de la delincuencia organizada fuera consentida por ella misma. Y entonces los motiva justamente, a que lo sigan haciendo. No tiene razón alguna para quejarse. Porque no puede resolver. La elocuencia de los hechos lo dicta así.
CRISIS PROFUNDAS. – La naturaleza de las crisis en materia de gestión gubernamental revelan algunas aristas de cómo evolucionan sin descanso. Y cómo tienden también, al agudizamiento. 1.- Lo que el Toro Salgado y su hija Evelyn no previeron, ofuscados por arribar al poder estatal de la mano de amplios consensos ciudadanos, es que las crisis no resueltas por el anterior gobierno del priista Héctor Astudillo, iban de manera lógica, a exigir una respuesta por parte de amplios sectores ciudadanos y organizaciones sociales profundamente agraviados no solo por ese, sino por los anteriores gobiernos estatales priistas y perredistas. Sumados a los grupos delictivos que también reclaman el respeto irrestricto a sus porciones de territorios. El Toro Salgado sorteó las embestidas políticas de sus adversarios en la coyuntura de la elección de junio de 2021. Pero su “experiencia” como gobernante perredista de la alcaldía de Acapulco, terminó por estallarle a través de su hija. Lo cual confirma que no fue nunca, un gobernante exitoso. Y las crisis de ayer se replican con base a dicho antecedente, en la borrascosa actualidad del gobierno estatal morenista. 2.- Si bien es cierto que El Toro Salgado y su hija, pactaron por adelantado con el ex gobernador priista Héctor Astudillo y con senador Manuel Añorve, ese acuerdo político no representa una garantía para asegurar la gobernabilidad en una entidad ancestralmente convulsa, empobrecida y marginada. Hay otros adversarios políticos dentro del mismo PRI, PRD y otros partidos políticos pequeños como el MC, que se agazapan como los felinos. Y estarían atacando desde la oscuridad. A ello se suman organizaciones como la Ceteg, la normal de Ayotzinapa, los grupos de las policías comunitarias y aquellos que encarnan al delito, como entes de presión. Es obvio que la gobernadora no puede resolverles sus demandas a todos ellos. Y aunque lo hiciera, de todas formas, el conflicto público no desaparecerá. Es aquí donde la negociación se le ha negado. Y por eso las crisis crecen y se profundizan con cada día que pasa. La gobernadora las quiere resolver con puras declaraciones. 3.- Si se mira bien, dos son los ejes de presión muy marcados por parte del delito en las últimas semanas: las desapariciones de mujeres, “luchadores sociales” en la región Montaña y taxistas. Y el asesinato directo. Así, la gobernadora resuelve “exitosamente” la desaparición de la menor Yoselin en Acapulco, y de inmediato le brotan siete casos más. Mientras que la fiscalía encuentra malherido a balazos al taxista desaparecido en Buena Vista de la Salud, en la capital asesinan a mansalva, en céntrica avenida y a plena luz del día, al dirigente transportista Francisco García Marroquín. No es un asunto menor, puesto que el transporte público en Guerrero es donde confluyen los intereses de muchos políticos, con los de la delincuencia organizada. Hay en consecuencia, un hervidero de personajes diversos que se disputan ese botín. Y cuando no hay arreglo, aparece inevitablemente, el crimen. Es esa la agenda del conflicto público que más está golpeando la imagen de la gobernadora. Y es ante la cual se muestra impávida e indolente. Porque sencillamente, no puede.
HOJEADAS DE PÁGINAS…Apenas salía de una reunión de seguridad, cuando la alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, se enteró del asesinato del líder transportista Francisco García. Negada a cumplir con su enmienda de velar por la seguridad de sus gobernados, plasmada con absoluta claridad en la Ley Orgánica del Municipio Libre, la alcaldesa morenista sigue apelando a que sea la participación vecinal la que resuelva la tarea de la seguridad. Y pone a trabajar en sus cuentas bancarias personales, el presupuesto municipal destinado para ese rubro.

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