sábado, 25 de junio de 2022

Hay de Hombres a Hombres.


El Poder de la Congruencia al Servicio de Causas Nacionales:

Ignacio Ramirez, El Nigromante.

Por Baltasar Hernández Gómez.

Ignacio Paulino Ramírez Calzada, uno de los hombres más brillantes y lúcidos que ha dado México a la universalidad humana por su sapiencia y congruencia entre el ser y hacer, nació en San Miguel el Grande, Guanajuato. Hijo de padres veteranos del movimiento de Independencia: José Lino Ramírez y Ana María Guadalupe Sinforosa Calzada.

Desde niño estuvo empapado de ideales liberales y revolucionarios, de íntima cercanía con la lectura y diversas fuentes de aprendizaje. A partir de los seis años de edad prácticamente devoraba toda clase de libros, hasta el punto de pasar un día completo en la lectura de los escritos que pedía en su casa y a amistades de la familia.

Muchas crónicas lo describen como un joven con una agilidad corporal e intelectual que sobresalía. Sus experiencias de vida y del saber hizo que dominara más de 15 idiomas, entre ellas las lenguas indígenas como el Náhuatl y el Otomí.

A la edad de 19 años, llegó a ser máster en el dominio de extensas disciplinas literarias y científicas, que lo convirtieron en un referente para propios y extraños, ganándose la admiración y la envidia. 

En su proceder vestía de manera sencilla y, en ocasiones, hasta llegó a pensarse que era una persona menesterosa. En la vida real muchas veces enfrentó la pobreza extrema que, aunado con una apariencia de debilidad y muy bajo de estatura lo hacían blanco de burlas. Sin embargo, donde estuviera, su luz de sabiduría lo hizo el centro de debates y la admiración.

Su modo de ser y tratar a los demás, su sencillez, pero sobre todo el dominio del conocimiento y las posturas ante la vida nacional e internacional lo posicionaría como uno de los ideólogos, estrategas sociales, militares y pensadores más grandes de México. Muchas personas lo denominaron el Voltaire Mexicano, o bien, El Nigromante.

Hay una anécdota recurrente en la que Ignacio Ramírez, a la edad de 19 años, se presentó en el centro científico y cultural más importante de todo el país, La Academia de San Juan de Letran, aparentando ser un joven poco inteligente, y portando vestimenta enmendada y descolorida. Ante un auditorio repleto de eruditos y estudiantes pidió la palabra. Al concedérsele sacó de su ropa unas hojas arrugadas y amarillentas. 

Leyó un discurso heterodoxo y fulminante que inició con la frase: Dios no existe, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos (una especie de teoría condensada de la evolución expuesta años antes que Charles Darwin la emitiera). El abucheo no se hizo esperar, pues la mayoría del público asistente eran de ideas conservadoras y sumamente religiosas.

Algunos dicen que las pronunció como provocación, pues tuvo la intención de impactar para ser aceptado en la Academia. Continúo con su disertación y al final, por la contundencia de sus propuestas el auditorio aplaudió y fue receptor de elogios.

Desde esa ocasión empezó la historia pública de Ignacio Ramírez, mentor de otro ilustre mexicano, Ignacio Manuel Altamirano.

A partir de su talento y posicionamiento filosófico y social conformó con Benito Juárez y el grupo más prominente de liberales del siglo XIX un núcleo de Poder donde privilegió el saber no sólo en la cátedra, sino principalmente en la acción para beneficio de la concreción de una nación libre y poderosa. En este quehacer fue artífice del Plan de Ayutla, los lineamientos de la separación del clero de los asuntos públicos, la conformación del Estado mexicano contemporáneo, la disuasión de la invasión francesa y la restauración de la República, entre otros actos que enaltecieron los principios de libertad y justicia.

Ignacio Ramirez, fue el ideólogo, el pensador, catedrático, general, político, jurista y uno de los reformistas más pródigos de México en el siglo XIX, que pasó a la posteridad de manera universal.

Con la posibilidad de tener una vida cómoda, desde un inicio de su vida, no lo hizo por su determinación austera y honesta y, aunque ocupó cargos relevantes, como por ejemplo Ministro líder de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, murió no sólo en la medianía, sino en el rango de la pobreza, al punto tal que su familia no tuvo recursos para su sepultura.

Admirado y amado por muchos, excomulgado por la iglesia católica, repudiado por conservadores y traidores a México, Ignacio Ramirez, El Nigromante, trascendió como uno de los máximos genios de México y el mundo.

Honremos su memoria, trabajando para la construcción de una gran nación en estos tiempos donde se requiere de auténtica convicción política para que México deje de una vez por todas de ser un país subdesarrollado, teniendo gobiernos inoperantes, sean provenientes del centro, la derecha, la izquierda o una mezcla infame de todas y nada a la vez.

B.H.G.

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