Editorial
Lo único que debemos hacer es
adquirir plena conciencia del poder que poseemos y no olvidarnos de que nadie
puede hacer nada sin el pueblo, que nadie puede hacer tampoco nada que no
quiera el pueblo. ¡Sólo basta que los pueblos nos decidamos a ser dueños de
nuestros propios destinos! Todo lo demás es cuestión de enfrentar al destino.
Un pueblo ignorante es un
instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de
la credulidad y de la inexperiencia dehombres
ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como
realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la
traición por el patriotismo, la venganza por la justicia
Para conducir a un pueblo la
primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como
el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista: el
conductor siempre trabaja para los demás, jámas para él.
En la función pública es
fundamental el imperio de la honradez y la capacidad, cualidades que son
fundamentales para la vigencia de una democracia, porque la corrupción de los
pueblos nace del mal ejemplo proporcionado por legisladores y gobernantes

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