martes, 17 de noviembre de 2015

Editorial

Sociedad callada
Dan vergüenza. Pero su cinismo superlativo tiene responsables. Y estos responsables somos la mayoría de los 87 millones que nos reímos, pero no actuamos. Y junto con ellos, simulamos. Ellos, que actúan como deben; nosotros, los que fuimos a la escuela, que tenemos alguna conciencia, que nos indignamos, nada hacemos.
Durante el último medio siglo los gobiernos de México han tratado a la sociedad, a todos nosotros que no formamos parte de la delincuencia política, como menores de edad. Comenzaron a realizarlo hace muchos años. Nos contaron una mentira y nos la creímos por inverosímil que fuera. Nos la volvieron a contar y si no se las creímos, nada hicimos para que no lo volvieran a repetir. Contrario a la actitud de una población con vocación democrática, continuamos en el adormilamiento como ciudadanos. Si acaso, simulamos que nos encabronamos.
Y así, nos tienen inmovilizados, desunidos, apáticos, interesados sólo en lo nuestro, en nuestro día a día, encerrados en un individualismo egoísta, alimentado por ellos, por los cínicos que todo lo compran, hasta las conciencias de quienes podrían ser punta de lanza para acabar con el statu quo.

Ahora ya no hay quien los pare con todo su descaro, enarbolando la bandera de la impunidad a todos los vientos. Premian a quienes son sus fieles y arremeten, junto con estos, contra quienes piensan un poco y sacan la cabeza para tratar de encabezar una lucha contra la corrupción y la impunidad, periodistas incluidos.

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