domingo, 12 de abril de 2026

Balazos en el pie


 De Frente

Por: Miguel Ángel Mata Mata

EL BALAZO

Sucedió un sábado, en el barrio de El Pozo de la Nación, en Acapulco.

Un fulano, primo de zutano y amigo de mengano, se metió un balazo en un pie cuando limpiaba su pistolita. 

Zutano lo reprendió: “solo a ti se te ocurre limpiarla con el tiro arriba” y Mengano lo sentenció: “Esas cosas sirven para eso. Para disparar… cuando se saben usar”.

Fulano fue llevado al hospital, donde le pusieron en alto su patita. Le aplicaron hielo, para reducir la inflamación y le metieron como cuatro piquetes con antibióticos. 

Eso de meterse un balazo en el pie debe doler. Mucho.

Mas ha de doler cuando el balazo no es accidental, sino por decisión propia.

DEL DICHO AL HECHO

“No te pegues un tiro en el pie”. "Pegarse un tiro en el pie" o "le salió el tiro por la culata". Son frases para ilustrar una acción que alguien realiza y que termina en perjuicio o daño del propio autor.

Todos conocemos esta expresión que, más o menos, se identifica con tomar una decisión errónea o hacer algo de manera tan torpe, que acaba volviéndose en contra de uno.

Es, pues, un modismo común que significa perjudicar involuntariamente los propios intereses o sabotear los planes personales debido a un error tonto o una decisión mal calculada.

EL ACAMOTO

Un señor se ha pronunciado por la prohibición de la llegada anual de miles de motociclistas al puerto. Dice que les negarán hospedaje, comida y bebidas a los visitantes. Absurdo, que raya en la estupidez, que ya ha sido desmentido por la congruencia del presidente de la Cámara de Comercio y servicios turísticos de Acapulco.  

Los del polémico Aca Moto son insensatos que han escogido al puerto de Acapulco como el escenario para desfogar instintos que, en sus lugares de origen, ameritan fresco bote o, cuando menos, el ingreso al famoso Torito, lúgubre lugar donde los ebrios irresponsables expían crudas propias, y ajenas.

“Son un peligro. Son mugrosos. Son escandalosos. A nadie respetan. El año pasado dejaron ocho muertes”, han alertado los representantes del puritanismo costeño que añoran, con irremediable nostalgia, los tiempos cuando, ellos aseguran, venía gente bien a divertirse en las playas de Acapulco.

--- No como ahora, que viene gente mal a hacer lo mismo.

Y mientras la hipocresía se disfraza de puritanos defensores de la moralidad, en Acapulco han asesinado a cuatro en la Barra Vieja y nadie, pero nadie nadie, se escandaliza ni condena la violencia que ha colocado a Acapulco en el número tres de las ciudades mayormente peligrosas en el mundo. 

EL BAR LA PALOMA

Sucedió en el barrio de El Rincón, hoy conocido como Barrio de la Playa. 

Un señor, de apellido Walton, condujo su jeep Willy¨s, hasta el Bar La Paloma, que existió en donde hoy reciben clases niños estudiantes en la escuela primaria José Azueta.

En aquel tiempo por ahí llegaban marinos estadounidenses a beber cerveza, whisky, ron o lo que fuese. Fumaban mota, buscaban prostitutas y, cuando se ponían violentos, bajaba la policía militar gringa para regresarlos a sus barcos, a garrotazos.

El señor Walton tuvo una mala noche con esos visitantes. Le costó un balazo en el pie que le dejó cojeando, del verbo cojear, por el resto de su vida.

Esos eran los visitantes refinados que venían a Acapulco. Eran la versión gabacha de los asiduos al Aca Moto. La única diferencia, entre unos y otros, es que aquellos pagaban en dólares por caricias, alcohol o marihuana.

No como los del Aca Moto, que pagan en pesos y se abastecen de Tonayan o Chinicuil  en el Oxxo de la esquina.

Para el caso y en la comparación, ambos grupos son lo mismo: beben, buscan prostitución, alcohol y drogas y regresan a sus lugares de origen, una vez saciados sus instintos.

EL TURISMO BONITO DE LA GENTE ¿BIEN?

Una señora de nombre Virginia Hill, quien tuvo amoríos con un sujeto a quien llamaban Bugsy Siegel, fundador de Las Vegas, fue detenida por el FBI en el aun existente hotel Casablanca, en la cumbre del cerro de La Pinzona, en el centro del Acapulco original.

La respetable señorita Hill estaba en Acapulco para traer inversiones de grupos de mafiosos gringos para instalar un casino en la Isla de La Roqueta y, por poquito, lo consigue.

Por ese tiempo fue cuando llegó una corriente intensa de famosos estadunidenses que compraron casas y construyeron hoteles en lo que es hoy el fraccionamiento de Las Playas.

El Hotel Flamingos, cuyo nombre deriva de El Flamingo, de Las Vegas, propiedad de la mafia de Chicago, se erigió en los acantilados de la hoy avenida López Mateos. A sus propietarios se les conoció como La Pandilla de Holywood.

Con ese hotel se inauguró, en Acapulco, lo que hoy está de moda: el turismo sexual.

Los visitantes venían al puerto a beber, fumar marihuana y a buscar relaciones sexuales entre los de su mismo género.

Hacían lo mismo que los del Aca Moto, nomás que pagaban con dólares.

LAS ZONAS DE TOLERANCIA

Por allá, cerca de la avenida Ejido, existe una calle que se llama Mal Paso. También hay un callejón llamado Cerrada de Mal Paso. No podían haberles puesto un nombre tan indicativo de lo que por ahí sucedía.

Por ahí, en el Afro Casino o La Huerta, se hizo famoso el espectáculo del primer travesti famoso del país llamado Mayambé. ¿Cuántos incautos cayeron y le besaron la entre pierna frente a cientos de noctámbulos?

Por ahí, por el barrio de La Fábrica, y en lo que entonces eran las orillas de la ciudad, en las décadas de los sesenta, setenta u ochenta, se ubicó la llamada Zona Roja. 

La Sonaja, como se le conoció luego, antes estuvo en la calle Azueta, en el centro de la ciudad. Luego se pasó a la calle Aquiles Serdán para terminar en la colonia Aguas Blancas, donde existe esa famosa cale llamada Mal Paso.

Los asiduos a La Sonaja eran quienes buscaban alcohol, marihuana y sexo.

Exactamente lo mismo que buscan los del Aca Moto.

La diferencia, entre aquellos y los del Aca Moto, es que cuando existió la Zona Roja el juego, el vicio y la prostitución se concentraba en una sola calle llamada Mal Paso. 

No como ahora, que Acapulco se ha convertido en una gigantesca zona troja.

LOS SPRING BREAK

Hubo un tiempo en que los estudiantes gringos venían al puerto de Acapulco en sus vacaciones de verano. Se les conoció como los Spring Break.

Llenaban los hoteles. Los bares reventaban y los vendedores de drogas hacían su agosto. Cada año la derrama económica fue mucha, hasta que… 

El puritanismo, que no tiene su origen en Acapulco, se apareció y condenaron los excesos de los jóvenes. 

Que beben mucho. Que fuman marihuana. Que tienen sexo a todas horas. Que es un escándalo, dicen, y hasta los maldicen por su forma de andar.

La canción recomienda que no hagas caso de la gente, pero no. En Acapulco no ha sido así. 

Le hicieron caso a esa gente y lograron que los jovencitos gringos cambiasen su sede de vacaciones. Se fueron a Cancún y juraron, por todos los dioses del juego, el vicio y la prostitución, no volver a una ciudad donde no son bienvenidos.

Y así pasará con el Aca Moto. Se irán, para jamás volver.

EL BALAZO EN EL PIE

El señor Julián Urióstegui, dedicado a construir casas y vendérselas a los gobiernos, ha invocado un boicot a los asiduos al polémico Aca Moto. Pide que no les renten habitaciones en los hoteles. Que no les vendan comida en los restaurantes y que tampoco les vendan bebidas, incluidas las alcohólicas.

Le faltó proponer que no les vendan mota ni condones. Vaya a ser la del malas que anden por ahí de arrechos, dando malos ejemplos.

La propuesta der este señor, que jamás ha invertido en asuntos de turismo, es como la del vecino de El Pozo de la Nación o del señor Walton, que se dieron un balazo en el pie y se hicieron daño a si mismos. 

Discriminar a un segmento podría ser el inicio de discriminar a otros hasta que Acapulco se quede sin visitantes.

No vemos que la Cofradía del Santo Reproche haga filas y filas de puritanos turistas que vengan a Acapulco a beber, tirarse de panza en la playa, comer un ceviche y a tener sexo con su pareja, o parejo, por toda la ciudad.

Ese turismo es el que hay. Esos visitantes son los que vienen. Pretender cambiarlos por decreto y con estúpidas campañas de boicotearles hospedaje, comida, bebidas y condones no es sino pretender un Acapulco parchado con botox.

HABLA BIEN DEL CAMELLO, HERMANO.

Dicen que cierto árabe “vivaracho” puso a la venta su único camello y, para tal efecto anunció una serie de habilidades del tosco animal. 

Entre tantas habilidades anunció que el animal sabía preparar un rico desayuno, con exquisito café y jugo de frutas naturales. Que sabía leer el periódico, barrer y trapear toda la casa. 

De manera inmediata surgió un comprador y sin intentar un mínimo regateo, pago el estratosférico precio que el “vivaracho” árabe había fijado. 

Al pasar los días, el incauto comprador se dio cuenta que dicho animal no hacia absolutamente nada de lo que presumía su antiguo dueño. 

Lleno de rabia y frustración fue a reclamarle al “gandalla” árabe, y como respuesta a su enconado enojo, solo recibió un consejo: 

--- No hable mal del camello, arbano. No hable mal del camello porque nunca podrá vendérselo a otro.

Y, mientras la estupidez pretende echar de Acapulco al único turismo que nos queda, han matado a cuatro un día. A dos, otro día. A tres la semana pasada y asi, cada día y no se ve indignación parecida al odio contra los del Aca Moto.

Y, antes de decir tan tan, coman frutas, verduras y usen botox en sus caritas  para no ser como los del Aca Moto.

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