LECTURA POLÍTICA
Noé Mondragón Norato
La lealtad en política es frágil. Efímera y convenenciera. Depende y está sujeta a lo ofrecido por partidos políticos y personajes empoderados. En el pasado priista, la lealtad era imprescindible para escalar posiciones en la pirámide del poder. Requisito básico para ser “elegido” de entre los demás. Pero conforme crecieron los partidos políticos opositores, la lealtad encontró campo fértil para canjearla por la deslealtad. Un hecho la marcó: el cambio sin escrúpulos de camiseta partidista. Emergió entonces uno de los tantos rostros tumefactos de la política: la preservación del poder público al costo de operar la traición. Hoy, la lealtad dura mientras el poder cobija. Luego, se desvanece en la espera de jurar lealtad al nuevo mesías del poder. Y si no, ahí están los hechos.
DESLEALTADES COMO MÉTODO. – En el ejercicio del poder, los hombres cambian. Hasta las líneas del rostro se les ve surcadas por la soberbia, la prepotencia y el autoritarismo. Esa prerrogativa les provee del derecho a traicionar. Aun a sus más incondicionales. Hay que ir a los hechos: 1.- Antes de la pasada elección de junio, el Toro Salgado se rodeó de un variopinto menú de allegados que celebraban —y muchos lo siguen haciendo—, cada una de sus gracejadas. Todo lo que diga y hable. Parece más personaje del mundo del espectáculo, que alguien a quien tomar en serio. Y cuando su hija Evelyn llegó como gobernadora, a varios de ellos les dio cargo. Con otros, jugó a placer. Es el caso del efímero ex secretario general de gobierno, Saúl López Sollano, que fue traído y llevado de la curul senatorial al cargo donde duró escasos tres meses. Y luego lo regresó al senado por otro corto tiempo. Después, lo volvió a sacar. Esa parece ser la tónica de tan polémico personaje: dar a sus aliados cargos públicos por un tiempo. Y luego botarlos a la fría banca evaluando que ya concluyó su compromiso político con todos ellos. ¿Se sintieron traicionados por Félix o entendieron que sólo eran parte de ese juego? Como sea, la percepción de la lealtad en política sigue siendo de abajo hacia arriba. Y casi nunca, de arriba hacia abajo. 2.- El 12 de noviembre de 2020, el coordinador de los senadores del Morena, Ricardo Monreal Ávila, subió un video donde defendía la inocencia del Toro Salgado, una vez que el periódico Milenio, había revelado que este personaje tenía una carpeta de investigación en la fiscalía de Guerrero por abuso sexual. Había arrancado ya la carrera por la sucesión gubernamental y con ella, la guerra sucia. Mostró, para confirmar su dicho, una carta de no antecedentes penales fechada el 10 de noviembre de ese mismo año. Es decir, un día después de la información ventilada por Milenio. Durante todo lo que restó de ese año y del 2021, a Monreal se le vio muy pegado al Toro Salgado. Y el senador zacatecano evaluaba tenerlo como aliado en el escenario de la sucesión presidencial del 2024. Esa misma idea vendió el Toro al placearse reiterada y mediáticamente con él. Había luna de miel política. Pero esta se amargó el pasado miércoles 22 de junio, cuando el Toro afirmó sin tapujos: “mi convicción es con Claudia Sheinbaum”. Curiosamente, fue Claudia la que, en la toma de protesta de Evelyn Salgado el 15 de octubre de 2021, fustigó el machismo teniendo al Toro sentado a su costado izquierdo. ¿Traicionó Félix a Monreal? 3.- El escenario de la sucesión presidencial de 2024 va a generar lluvias de traiciones y deslealtades. Cambios de camisetas partidistas hacia la marca Morena. Pero el Toro Salgado podría operar una que es significativa: acorralar y hasta romper el pacto de valores entendidos que mantiene con el ex gobernador priista Héctor Astudillo. Ya le dio una probada con la exhibición de los millonarios desvíos operados por el ex director priista del Colegio de Bachilleres, Fermín Alvarado Arroyo. Y dependiendo de la movilidad política del ex mandatario tricolor —ya ungió como dirigente estatal del PRI a su cuadro Alejandro Bravo—, apretará o aflojará las tuercas. ¿Traicionará el Toro otra vez, sus acuerdos políticos inconfesables con Héctor Astudillo? ¿O simplemente se acabó el romance político, igual que con Monreal? La lealtad en política es moneda de cambio.
HOJEADAS DE PÁGINAS…Hay un personaje que tampoco puede con la inseguridad: el alcalde priista de Zihuatanejo, Jorge Sánchez Allec. En aquel puerto turístico la delincuencia organizada se ha impuesto. Y son los transportistas los que se han visto afectados al grado de solicitar la ayuda del gobierno estatal. Pero si la gobernadora Evelyn Salgado no la puede contener en Acapulco y Chilpancingo, que son comunas gobernadas por el Morena, mucho menos lo hará en Zihuatanejo, que es gobernada por un priista. La violencia será padecida como siempre, por el ciudadano de a pie.

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