Por Baltasar Hernández Gómez.
Educados y entrenados para existir en la visión del éxito materia, la percepción ha estado centrada en la obtención de las cosas que suponen felicidad mundana, reconocimiento y aceptación. Los axiomas validados para creer que estamos bien están focalizados en conseguir cosas y personas... Una acumulación de objetos y de relaciones que sólo dan cuenta de ganancia efímera.
Así pues, se valoriza lo epidérmico y se minimiza la esencia, que es el el trato directo consigo mismo y las relaciones con las personas desde una perspectiva de unidad. Las cosas y las personas han sido colocadas en la cúspide de la pirámide, dejándose de lado y en el fondo la intangibilidad trascendental de los sentimientos y las realizaciones que procuren el bien para estar en un estado de amor, paz y dicha del compartimiento... De estar en el camino de la valorización del Ser... De asumir que las cosas son medios y no fines para lograr la felicidad.
Veamos entonces, a partir de ahora y aquí, que lo importante es sentirnos bien y realizar acciones correctas que hagan brotar el gozo responsable, para dejar de pensar y creer que las cosas lo son todo, cuando solamente son instrumentos para transitar está experiencia dimensional física.
Cuando se pase a otro nivel existencial nada material se lleva. Vivamos en el amor, porque lo único que se queda en este plano de desarrollo son las palabras, los sentimientos generados y distribuidos y los hechos consumados. Lo que perdura en la infinitud es el amor dado y recibido.
B.H.G.

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