Editorial
Crimen y
corrupción de priistas
El
gobierno de Enrique Peña Nieto, habla de lo que es un México priísta en pleno
siglo XXI. El dispendio, el despilfarro, la corrupción, el silenciamiento, las
matanzas, las desapariciones, las mentiras, las apariencias, los acarreados,
los escenarios a modo, la doble moral y el doble discurso, han caracterizado la
administración del sobrino de Montiel, del hijo predilecto de Atlacomulco, del
ahijado favorito de Carlos Salinas.
La
historia del PRI, debería ser suficiente para que nadie, absolutamente nadie
estuviera pensando en votar por este corrupto y criminal. A México no le
bastaron más de 70 largos años del PRI en el poder donde hizo y deshizo de
nuestro país lo que quiso, y que ha vuelto a hacer de las suyas en su regreso a
la grande.
El
PRI siempre fue famoso por pactar con el narco, por los delitos, por los
crímenes, por los negocios turbios, por el robo, por el acarreo, la compra de
votos y conciencias y todas las mañas habidas y por haber en campañas y
elecciones fraudulentas. Pareciera que ya se nos olvidó el 2012, donde todo fue
cooptado, comprado y corrompido por este instituto político en su camino que lo
llevó de nuevo a Los Pinos, vía Enrique Peña Nieto.
Al
más puro estilo de Televisa fue la construcción de la candidatura de EPN, donde
lo único que importó e importa, es la imagen y no el fondo ni la verdad, ni
mucho menos México. La "neta" es que, como lo vaticinó Carlos
Fuentes, lo peor que le pudo pasar a México fue el regreso del PRI a la
presidencia y con un "personaje tan pequeño, cuando los problemas y
retos son tan grandes". Esta premonición es la realidad lastimosa del
país: el PRI y Peña Nieto acabando con México.
Ahora
resulta que esta manera de someter, abatir y desaparecer al inconforme, cobra
vida una vez más como en los tiempos de Díaz Ordaz. Los casos de Tlatlaya,
Ayotzinapa y Apatzingán son muestras de la incapacidad, de la intolerancia y
del "desgobierno" de Peña y sus huestes.

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